lunes, 22 de agosto de 2011

Flores, hongos y corderos

Rebuscando, en las estanterías del salón, me ha sorprendido un chaparrón veraniego. Me he puesto ha cubierto y he descubierto que el sueño se aproxima. Pero haciendo un esfuerzo he cogido un ejemplar gastado, de bolsillo, El Principito. Páginas subrayadas: rojo ideas principales, negro secundarias.




[...]
Conozco un planeta donde hay un Señor carmesí. Jamás ha aspirado una flor. Jamás a mirado a una estrella. Jamás ha querido a nadie. No ha hecho más que sumas y restas. Y todo el día repite como tú: "!Soy un hombre serio! ¡Soy un hombre serio!" Se infla de orgullo. Pero no es un hombre, ¡es un hongo!

-¿Un qué?
-!Un hongo!
El principito estaba ahora pálido de cólera.
-Hace millones de años que las flores fabrican espinas. Hace millones de años que los corderos comen igualmente las flores. ¿Y no es serio intentar comprender por qué las flores se esfuerzan tanto en fabricar espinas que no sirven nunca para nada? ¿No es importante la guerra de los corderos y las flores? ¿No es más serio y más importante que las sumas de un Señor gordo y rojo? ¿Y no es importante que yo conozca una flor única en el mundo, que no existe en ninguna parte, salvo en mi planeta, y que un corderito puede aniquilar una mañana, así, de un solo golpe, sin darse cuenta de lo que hace? ¿Esto no es importante? [...]


¿Donde vamos tan deprisa
me pregunta tu sonrisa.?
"Si te vas..." Extremoduro


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