sábado, 9 de marzo de 2013

reIntroducción

Un nudo en la garganta, un cuento en el estomago que produce ardores, un desarrollo rápido y por lo tanto débil e imperfecto. Pálido como aquellos brotes que salían de aquellas judías que de niño plantaba en los tiestos de su madre. Pálidos como los inexistentes brotes verdes de los que hace no mucho un señor hablaba en la tele. Ahora son otros señores con caras más serías, algunos incluso amenazantes, los que hablan de brotes implicitamente. Igual lo que no están vendiendo es el jardín entero, rosales con espinas incluidos.
Tomás piensa en estas cosas, mientras se dirige a la panadería del pueblo. Un lugar tranquilo y ventoso, entre la sierra y la gran ciudad podría decirse. Aunque más preciso sería caracterizarle, por el río que le da apellido. Algún día tengo que ilustrarme, se dice Tomás, de como en muchos lugares, parece que le hemos dado la espalda a los ríos, parece que solo interesa el nivel de los embalses. Ya en la tahona, con  aromas que hacen salivar y  pasteles tras cristales impolutos que también hacen salivar, una señora se le cuela, es lo que tiene la salivación que uno no está muy atento. Además que más da, la prisa mata. Pero tras él, otro chico le recrimina su fea actitud a la maruja (dicho sea desde el respeto) "Pero si vengo a recoger un paquete que ya está preparado". "Pero el chico estaba delante, es una falta de respeto" El chico, osea Tomas, ve salir a toda leche a la maruja, tendría la olla en el fuego y flipando "si da igual, no tengo prisa". "A mi también me da igual, pero es el detalle" El chico ofendido, sigue en sus trece, tiene pinta de tener treinta y pocos, algún niño pequeño, viste muy formalmente, vamos en plan yerno perfecto. Y por lo que se ve tiene dotes organizativas. "Respeto", "Detalle". Este tipo de conceptos o como se quieran llamar se podrían aplicar a los mismos sujetos en otros contextos. Vamos que me imagino a nuestro chico perfecto, a Tomás no, al otro - que como el frutero de Siete Vidas - no tendrá nombre, será el Chico Perfecto, conduciendo su coche de mileurista con mas letras que el abecedario, pongamos un Megane con muchos caballos en la carretera de doble sentido que comunica la localidad con el resto del mundo. Delante La Maruja que se cuela en las panaderías (va a ser que tampoco va a tener nombre) a ochenta por hora. Una velocidad adecuada según la lógica y las normas de circulación, pero que en la práctica enerva a casi todos los que van detrás y  casi es más seguro ir más rápido para evitar tantos adelantamientos, algunos muy peligrosos. Nuestro Chico Perfecto se empieza a poner de los nervios, encima hay ligeros cambios de rasantes y alguna curva por lo que las lineas casi siempre son continuas. Empieza dando las luces, pegándose al culo de la mujer, cosas absurdas en estas carreteras pues ya se sabe que así no se consigue nada o lo que ocurre empeora las cosas. La Maruja empieza a mosquearse, quien será este subnormal, esto no es de recibo si quiere correr que se vaya al Jarama ( al circuito, no al río, chiste malo). Esto es una falta de respeto.

Las faltas de respeto, donde están los límites, unos tienen la piel muy fina otros no tanto, la ley del embudo...


Me había propuesto, tras la noIntroducción anterior, seguir de alguna manera con un nudo y después su desenlace, como dicen que se estructuran los cuentos. Como la noIntroducción, no introduce nada o casi nada, puede quedar de prólogo y esto de introducción. Así que voy un paso por detrás de lo que pensaba, pero que más da, no me van a dar el Premio Planeta así que para que correr, que ya veis lo que pasa.

domingo, 3 de marzo de 2013

Introducción

Reconozco que... Ultimamente he oído varias veces esta introducción que prepara el terreno que a la persona que usa la expresión le parece que puede resultar llamativa o le haga quedar mal, le ridiculice... Por ejemplo: Reconozco que soy de derechas. !Leches! Pues si lo eres no hace falta andarse con tonterías, el reconozco sobra. Una introducción no tiene porque ser timorata,  esencialmente su función es contextualizar lo que venga después, el porvenir. Un exordio, un preámbulo. Vamos que introducir siempre es placentero, para que nos vamos a andar con recelos y tontas cautelas propias de este mundo mojigato.

Sin más preámbulos, solo porque es domingo y apetece, ya estamos con las introducciones, un temita muy agradable.





Lo bonito de escribir así - esto podría ser una conclusión - apresurada pero conclusión, a fin de cuentas - es que te pones frente a la pantalla con la intención de hablar sobre algo en concreto e ilustrarlo con alguna canción o imagen más o menos adecuada y terminas dejandote llevar, no sabe muy bien por quien. Hace mucho tiempo lo llamaba escritura automática. Seguro que hay cientos de expertos que han escrito "rios de tinta" (con calamares incluídos) sobre esto, así que yo que soy muy modesto, me limito a reseñarlo y contar mi experiencia. Si a estos textos, o montón de letras arrejuntadas les dejas respirar y al día siguiente le echas un ojo y escribes algo más, al siguiente igual y así sucesivamente, pueden emerger cosas curiosas. En este caso, visto el resultado, es obvio que ha sido cosa de un rato dominguero.


 Por cierto, al final no explique a cuento de que viene la canción.

domingo, 24 de febrero de 2013

Aquellas noches

Al fin llegó la tarde del viernes, la vida estaba fuera de aquel instituto, que parecía encerrado en si mismo. Estaba fuera y estaba muy viva. Solo había que esperar a que cayese la noche o cayese el sol según se mire.
El ritual era recurrente, comenzaba en el suburbano. Por los intestinos de la ciudad Tomás podía observar un catálogo de seres variopintos, la mayoría se desplazaban con el mismo propósito pero con distinta estética, distinta actitud. Le encantaba este momento, a cada grupito o a los que como él iban solos les asignaba una zona de marcha. Estas niñas tan bien vestiditas y tan tontitas a Bilbao, estas otras también muy arregladitas pero con un toque alternativo a Alonso Martínez. El punky del fondo del vagón a la plaza del 2 de Mayo. Seguramente se acabaría cruzando con él, en algún momento.

En Alonso Martínez emergía a la superficie y se dejaba caer hasta Malasaña, andando tranquilamente hasta la plaza del Madroño - nunca supo si era su nombre real, con lo fácil que hubiera sido  comprobarlo -  pero había otras cosas más importantes como la música que surgía de las guitarras de Alfredo y Joaquín, sus compadres de correrías nocturnas. Conseguían hacer un corro a su alrededor, donde las risas femeninas abundaban, la cerveza y el humo pasaban de mano en mano.
Joaquín había sufrido un flechazo en lo musical, le había dado por los Extremoduro, sin tregua. Tenía ya muchas tablas con la guitarra, era mayor que sus colegas, y podría tocar mil historias. Eran los tiempos del Agila, cuando empezaron a tener éxito a nivel comercial.

Siempre había movimiento en la plaza, los que iban a los chinos a por liquido, los que venían de algún garito, alguna vez se asomaban los municipales... Pero invariablemente ese día sonaban en acústico las canciones de Extremoduro.

En algún momento de la noche Tomás acabo sentado al lado de una italiana de aspecto delicado, pelo negro corto, cara de luna inmaculada. Empezaron a hablar dios sabe de que. Las palabras  con ese acento suyo y el deje madrileño de él fueron acercando sus rostros hasta que sus labios se encontraron. Un momento mágico. El momento que con el tiempo, unos breves minutos, se convirtió en destello. La bella ragazza enfiló calle arriba con un grupo de compatriotas. Justo en ese momento, cantaba Joaquín:


"... yo ya empiezo a notar desbordarse:
los pantanos de toa Extremadura."


La siguió con la mirada hasta que desapareció. Pero la noche lo bueno que tiene es que no se acaba hasta que sale el sol. Nuestros ya queridos chicos, cansados del sedentarismo placentero (de plaza, me acabo de inventar el significado) deciden moverse, con muy poco dinero en los bolsillos, pero eso no era un problema mayor, con no acercarse mucho por la barra. La psicodelia del Chill Out, El Grial... El Sitio, ya en Chueca, era un lugar genial a altas horas de la madrugada. Con la gran ventaja de que ya estaban muy cerca de Cibeles y era fácil vislumbrar caras conocidas que habían echo recorridos parecidos.

En Cibeles finalizaban estas noches, esperando al nocturno correspondiente. Los de nuestros tres protagonistas no coincidían, así que como este humilde narrador no es omnisciente, se queda con Tomás. Aquí volvía a desarrollarse un ritual, como al principio. Si ya estaba el bus había que esperar a que llegasen los que faltaban porque salían todos de golpe. Pero primero había que subir al bus como es obvio. Parece un detalle menor pero  Tomas solía olvidar guardar unas monedas para pagar el billete y en verano no tenía abono. El conductor un hombre con barba, rechoncho y de aspecto agresivo inspeccionaba a todos los que en cola subían las escaleras, no sea que alguien osase colarse. No sabia muy bien como, pero nunca se quedó en tierra. Tampoco sabía cual era la señal, pero Tomás, ya un tanto perjudicado, flipaba con el instante en el que los buhos arrancaban y se dispersaban para conquistar todos los rincones de la periferia. En veinte minutos estaba en casa, era lo bueno que tenia "El Barbas" que iba a toda caña y se saltaba algún semáforo que otro.

Y así acababa este sueño nocturno, entrando silencioso en casa, buscando la cama.
  

lunes, 18 de febrero de 2013

Soufflé

Algo era. Pero con la modorra vespertina de la siesta, ésta expresión es de una canción de El Combo Linga de hace mil. Como soy un tío modesto no me quiero apropiar de su autoría, ahora que parece que al fin las letras resurgen, donde estarían las cabronas. Debajo del teclado miré, en cuadernos nada y en las esquinas solo telarañas y alguna espina.
Ahora suenan las guitarras callejeras de los Amador, aquí siempre con los hits del momento, con lo último de lo último. Tendrán razón los que dicen que eso de que los tiempos pasados no tuvieron porque ser mejores, pero en lo musical, no hay color. Del usar y tirar. Parece que importa más el dispositivo que utilices, el Nosecuantos Androide Galaxy que lo que escuches. Importa más el continente que el contenido, de alguna manera, parece que es eso.
En esta entrada anárquica se ha colado un señor gaditano, que dice que esta buscando yerba entre otras cosas.

Tras este curioso soufflé ahora me queda lo más difícil, elegir una de las tres canciones para buscarla en youtube y plantarla aquí, la mecánica habitual, así que dejo de escribir ya, que si no serán cuatro, cinco...




¿Qué era? Ah, las letras.

viernes, 23 de noviembre de 2012

En Salt Lake City

En Salt Lake City con sus camisas de leñador, se relajan los rancheros. Esta noche la banda no está mal. Un country demasiado acelerado para su gusto, pero se deja oír.

Las cervezas se acumulan en la mesa. El humo, como la niebla, como la agradable sensación relajante del alcohol crean un ambiente envolvente que les relaja. Son rudos, pero tienen su corazoncito, algunos incluso han visto Brokeback Mountain.

Departen sobre las virtudes de los "pioneros". Que si Riley Pucket fue el más grande, pero qué dices si no le llegaba a la suela del botín a Stoneman... En una cosa estaban los cuatro de acuerdo, vamos que se quitaban en sombrero: Johny Cash. Ahí si que no había nada que decir. Simplemente Johnny Cash.



 Johnny Cash. Walk the Line.



De vuelta a casa, donde esperan las respectivas parientas, se fuman un Marlboro en la ranchera. Mañana otro día será.

sábado, 20 de octubre de 2012

El Prestige, diez años después



Diez años después comienza el juicio oral por la catástrofe del Prestige. La justicia va a su ritmillo. Esperemos que está dilación sirva para que todos los culpables asuman sus responsabilidades. Que va a ser que no.


Fantasmas anónimos


Mario Rodriguez escribe un artículo muy interesante, que se publicó el Martes en Huffingtonpost. Resalto el último parrafo, que es lo que más miedo da.

"La pregunta que muchos de nosotros nos hacemos no es si habrá otra marea negra, sino cuándo y dónde ocurrirá esta vez. El olvido es el mejor aliado para que otra marea negra pueda volver a producirse. Los responsables de la marea negra siguen extrayendo petróleo y transportándolo. Los responsables de la gestión del accidente también continúan detentando responsabilidades políticas y de Gobierno. Por lo tanto es solo una cuestión de tiempo la posibilidad de que otro Prestige pueda vuelva a ocurrir."

sábado, 13 de octubre de 2012

Las cosas del querer

Ni de Marte ni de Venus. No hay en el sistema solar, astro, por lejos que este, que pueda alumbrarnos. Tampoco es cuestión de polos, opuestos o contiguos, bien lo sabe la geometría. Pasó el verano y el personal sigue igual. Unos perdidos, otros se reencuentran, algunos se odian y muchos se quieren. Pasión, celos, rutina, mariposas que revolotean, mentiras piadosas, verdades que duelen; son caras de esta figura - esta no es la palabra, pero no sabría cual elegir - poliédrica. No hay manuales, todo está inmerso en éste fluido, que fluye, valga la redundancia, suavizando la aridez que su vacío provoca.

La ciencia en estas lides anda muy perdida, reacciones bioquímicas cerebrales, dan ganas de echarse a reír, neurotransmisores, sinapsis... La ortografía no sé queda atrás, no obstante, con cierto romanticismo, podría pensarse que se acerca más. Comas que se dan tiempo, un tiempo breve, divorcios vestidos de puntos y a parte, infidelidades como diéresis y tildes, a gusto del consumidor o el consumido.

Siempre hay canciones, ya se sabe, ni contigo ni sin ti, abunda el desamor, es más complicado buscar la inspiración en la plenitud, el drama es más agradecido.



 Ricardo Solfa y Joaquin Sabina


Una visión masculina como cualquier otra.



Hay mujeres que van al amor como van al trabajo

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