martes, 5 de agosto de 2014

La cuerda

Háblame del mar, haz que la brisa erizando mi piel, la salitre en los labios. Que mis pupilas este en tus ojos, que tengamos reflejos de mar en la mirada, de paredes encaladas, los geranios en las ventanas del pueblito donde nos conocimos, con sus abuelos al sol, su estanco y el pilón en la plaza. Sácame los grises, invéntate mentiras que me eximan de esta condena, de estos barrotes que me mantienen tan lejos.

Ya no tengo para leer, no me dan libros, es como si hubieran tapiado la última ventana. Soló me queda este papel y el bolígrafo que me compraste en aquella tiendita  que te gusta tanto. Me voy apagando a pasos acelerados, la toalla ya está en el suelo, sólo espero la única visita que algún día, mas pronto que tarde, tendré. Ya ni tan siquiera me torturan, dirás que estoy loco, pero creo que lo extraño. Son ya semanas sin sentir nada que no sea esta tremenda desesperanza. El dolor físico me llevaba al odio que me hacia poner cara y uniforme al horror. De alguna manera era mi conexión con el mundo, con el que está fuera de estas cochambrosas paredes, estos miserables con sus vejaciones me llevaban tu mundo.






Tengo que despedirme, se acaba el papel y no sé si podré conseguir más. Perdona el tono de estas palabras que espero que te lleguen, siempre he tratado de evitar contarte mis experiencias más duras aquí. Es fácil hacerse fuerte así aunque imagino que se notaría cierta impostura e iría asomando cada vez con más descaro la testaruda realidad. Te decía que esto se podía soportar, que podrían encerrar mi cuerpo, pero solo eso, que siempre estaría a tu lado. Pero pasan los días, uno tras otro, como losas y reconozco que hay días en los que enloquezco. No puedo parar de preguntarme porque coño tengo que estar yo aquí, porque los esbirros del Chivo tuvieron que apresarme aquella noche como si fuera un peligroso terrorista !Qué por luchar por la libertad termine uno así! Sabiendo para mayor escarnio, que nadie va a  hacer ya nada por ti, los que estaban de tu lado o han acabado pasándose a las filas del enemigo, por una vida más cómoda o miran hacia otro lado, pensando que tuvieron suerte de no caer. Sólo quedamos cuatro pringados bajo rejas, nuestra existencia solo tiene un valor disuasorio como aviso a navegantes, el régimen tiene que exhibir su fortaleza y su mezquindaz de paso.

Te pido que seas mi ojos, no ya porque quiera seguir viendo a tu lado todo lo que vivíamos si no porque no se cuanto más voy a poder aguantar, perdóname, pero son ya seis años ya y hay días en los que lo único que añoro es una buena cuerda.

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